domingo, 17 de enero de 2010

LA RUANA, Por Carlos Alberto Osorio, y evidencias de Honda Tolima (Video)

Cae la tarde, un cúmulo de espesas nubes se aúnen en la cima de la cordillera formando corpulentos hongos, que amenazantes se desplazan con la intención de arremeter con frías intenciones a los desprevenidos habitantes del pueblo.

Es un fenómeno natural que ahora se acentúa por las épocas invernales, de nada valió esas tibias asomadas del sol en la mañana, la atmósfera cargada de bajas temperaturas opacan las intenciones del astro rey, es cuando el frío invita al calor de una ruana de lana que con su manto tibio combate los avatares del clima, la ruana se convierte en la cobija que cubre al crío, es parte de la pinta dominguera para ir a misa de madrugada, es la compañera inseparable en cualquier faena, es ante todo sinónimo de identidad de pueblos encumbrados.

La ruana, cubrió los cuerpos de campesinos y pueblerinos, quienes las lucían con cariño como verdaderas obras de arte, las ruanas fueron ganando fama paulatinamente hasta llegar el momento en que todos los parroquianos poseían al menos una. Llega la tecnología, los nuevos materiales y la evolución de la moda y el telar y sus tejedores sienten que la época de la ruana de lana llega a su fin

Con el orgullo de la labor cumplida, de haber aportado a la identidad, LOS TELARES DE RUANAS, ya no van más, ahora todos sus mecanismos y procesos reposan en rincones olvidados como testimonio de una época y como sinónimo de identidad de nuestra casta campesina.

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