sábado, 27 de octubre de 2012



LO DULCE DE MI PUEBLO
AIDA DANIELA BECERRA LÓPEZ
Lo dulce de mi pueblo no solo está en las Flórez también está en todas aquellas mujeres que no solo en bien propio han creado un legado con las delicias de los dulces Charaleños.
Charalá  es un pueblo pequeño pero con una gran riqueza y diversidad, ello también es palpable en su gastronomía, de la cual les hablaré en este escrito, me referiré específicamente a lo dulce y lo colorido de ella.
Sería muy egoísta referirme solo a una de las protagonistas de este hecho, por ello hablaré de todas para darles la importancia requerida. Todas son muchas, demasiadas, incontables es decir que les hablare de unas pocas o mejor dicho las más reconocidas, Marta rosales de Flórez, Ana lucia Grazz e Ilda Rangel Aguilar.

Las Flórez… es una panadería con un gran legado que data de más de 50 años, el cual ha residido en la familia de doña Martha Rosales de Flórez quien es hoy en día su administradora. Es una mujer que desde que era niña, supo que el sustento de su familia estaba en los postres. Todos los días le ayudaba a su madre a hacerlos, según ella es un arte surgido de la creatividad y de la necesidad de supervivencia. Con el tiempo aprendió la receta, la perfeccionó y al surgir nuevamente la necesidad, está vez en el seno de su propio hogar la implementó en la panadería familiar dándoles una posición que hoy en día figura como emblema municipal.

Doña Martha, es una maestra que a diferencia de sus colegas tiene a su cargo la responsabilidad de mantener el emblema del cual les hable. Igual que todos tuvo que sufrir los golpes de la vida, la necesidad llevo a su madre a hacer postres para poder brindar bienestar a su familia. A diferencia de su madre, teniendo ya la ganancia de la panadería, no fue necesario incluir una inmensa lista de postres, por el contrario se dedicó a preparar unos pocos como el arequipe, la brevas, el  mielmesabe y algunos más, con mucha entrega y amor para dejar satisfechos a sus clientes, que según doña Martha es una gran satisfacción.
Pero como lo dije al comienzo lo dulce de mi pueblo no solo está en las Flórez, también se encuentra en mujeres como Ana Lucia Gratz o Ilda Lucía Rangel Aguilar  quienes independientemente la una de la otra han logrado dar un nuevo legado  al pueblo hace 16 y 8 años respectivamente. Cada una ha creado su propia microempresa de dulces tradicionales los cuales al lado de los postres anteriormente nombrados le han dado a Charalá un legado cultural y gastronómico. Particularmente ellas han enfatizado en los dulces o caramelos que básicamente se obtienen de la mezcla del azúcar con un fruto dador de sabor.

Doña Ana Lucia hace alrededor de 16 años empezó a preparar estas dulces recetas. Las pocas entradas económicas  y la obligación económica familiar la forzaron a buscar el sustento en los dulces, que nadie le enseño a preparar. De tanto ensayar, aprendió, por eso se puede decir que el ensayo y el error fueron sus maestros. Con un semestre de práctica adecuó sus productos, el tradicional dulce de leche, de piña, de sidra y en fin una variedad de frutos de los obtiene un extracto dulce y delicioso; y  con el fin nombrado empezó a comercializarlos. 

Con el tiempo mejoró la receta implementó nuevos productos y algunos los modifico, los cuales la llevaron a cumplir su cometido pero, los obstáculos surgieron con nombre propio “INVIMA”. Las exigencias de este y el hecho de que las obligaciones habían disminuido hicieron que ella cesara temporalmente su actividad. Con el tiempo volvió a laborar no con la misma intensidad para restarse preocupaciones tanto legales como lo físicas pues la preparación de estos repercute en la salud dado a la tradicional cocina de leña que exige constante exposición al calor y a las cambiantes del ambiente; pero aun así sigue con la tradición. Hoy en día continúa con su labor de manera más escasa pues considera que debe resguardar su aporte a la gastronomía charaleña.

La empresa de doña Ilda surge de necesidades similares, mantener su hogar, proporcionarles a sus hijos bienestar, y tener sostenibilidad económica con la variante de que ella tuvo un mentor, doña Carmen Higuera una ilustrada cocinera en el ámbito dulcero y en otros tantos le dio la formulación básica, más no una receta exacta que, igual, con la práctica, su incesante consulta e interés en dicho contexto y el toque del sabor otorgados la llevaron a su posición actual en la sociedad charaleña. A sus puertas los problemas surgieron a partir del mismo ente pero en vez de cesar, prefirió adecuarse a las normas, no a todas pues algunas eran algo complicadas, una en especial  le exigía establecer un  punto de fábrica que no fuera su hogar  pero al adecuarse a la mayoría de reglas determino que lo correcto era seguir y gracias a ello pudo triunfar como doña Martha o doña Ana. Ella a diferencia la señora Ana Lucía no puede cesar o reducir su producción dado a que su hijos son aún jóvenes, afortunadamente cuenta con el apoyo de ellos quienes hacen las veces de ayudantes y socios.

De esta manera estas tres valerosas mujeres y otras tantas a quienes les pido excusas por demeritarlas, si así se entendiese, pero a las que prefiero también elogiar dado que todas han logrado aportar a una causa, cultural y gastronómica dejando un legado, creando una identidad y generando un patrimonio.
Y por último y no menos importante quisiera que entendieran la importancia de apoyar esta noble causa que ha trascendido por generaciones en los poblados charaleños, que además de una satisfactoria y dulce sensación en nuestro paladar puede brindarnos un sinnúmero de saberes y que el INVIMA con una infinidad de exigencias  puede hacer desfallecer.

“Los dulces son esas pequeñas  partículas que sin importar el estado de ánimo generan en nosotros una agradable sensación…..”

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